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22.12.11

STOP


"Marx dit que les révolutions sont la locomotive de l'histoire. Mais peut-être en va-t-il tout autrement. Peut-être les révolutions sont-elles le geste de l'espèce humaine voyageant dans ce train pour saisir le signal d'alarme".
 

-Note de Walter Benjamin de "Sur le concept d'histoire", vers 1940.

14.7.11

THÉÂTRE PENDULAIRE

la compagnie spectaklista, théatre situationniste présente:
 

LA THÉATRALITÉ DE L’EXISTENCE,  (en 3 actes)*:
 

1- la projection (croissance et ornière),
 

Être formé dans le désêtre de l’inquisition comportementale (école, université, société, marché, etc)
 

2- les limbes,
 

Déformer le formé, et c’est se déformer (psychiquement, intellectuellement, physiquement)
 

3- Le Fil,
 

Se reformer ou se recomposer: retaper le détruit, évacuer le trop, trouver le fil, enfin sortir de la scène par le fil retrouvé
 

*AVEC HAPPY END

15.4.11

SITUATION DE TRANSHUMANCE (la question entropique)



Il parait que la vie est apparu sur terre, pour la simple raison que c'est le moyen le plus efficace de dégrader l'énergie présente alentour. Il s'agit là, de la lecture froide d'une loi de la thermodynamique.


Ainsi, l'homme aurait été invité par une de ces lois élémentaires de la physique, à bien vouloir dégrader cette réserve d'énergie, au mieux de ses capacités. On pourrait même avancer, si l'on est enfin pas trop humain, qu'il en aurait été instamment prié, par cette force naturelle.


L'homme et son dieu, fort de son libre-arbitre accusateur, se dit qu'il y a eu choix du feu.

C'est faire bien grand cas de sa petite personne.

L'entropie anime l'homme.

Ou bien est ce l'inverse ?

9.4.11

EL CONCEPTO DE DISPERSION

Entrevista aparecida el 26 de febrero de 2011 en el diario Público. La versión completa será publicada en el número 9-10 de la revista Espai en Blanc (mayo 2011).


Franco Ingrassia es psicoanalista e investigador. Se mueve entre diversos saberes y campos de actividad. Integra el Laboratorio de Análisis Institucional de Rosario. Coordina el proyecto Estéticas de la Dispersión. Ha publicado artículos en revistas de España, Italia, Inglaterra, Chile y Argentina. Colabora en Planeta/X, un proyecto cultural asambleario que acaba de cumplir 15 años y que es motor de, entre otras cosas, una revista de cultura y pensamiento y un sello discográfico. Fue invitado recientemente a Madrid por el centro cultural Matadero, dentro del programa de residencias del proyecto El Ranchito, para impartir una serie de talleres públicos sobre “pensar (en) la dispersión”.
Los lazos sociales que establecemos resultan cada vez más inestables, débiles y heterogéneos. Toda experiencia compartida se despliega hoy sobre un fondo de contingencia, fragilidad e incertidumbre. La hipótesis de la dispersión trata de hacer legible ese nuevo fondo de lo social.
¿Qué es la dispersión? ¿De qué es resultado?
Es el tipo de experiencia social que produce la hegemonía del mercado, cuando el Estado pierde su función reguladora y estructuradora de las relaciones intersubjetivas. En el pasado reciente, el Estado moldeaba lo social en configuraciones estables, adaptadas al régimen productivo fordista, mediante instituciones (llamadas “disciplinarias”) como la familia, la escuela, el hospital, el cuartel, la fábrica, la prisión, etc. Ellas moldeaban las subjetividades, es decir, los modos de vida. Eran estas marcas institucionales, en su permanencia, las que definían quién era cada uno, las que ligaban ciertos cuerpos a ciertos nombres, tareas y lugares sociales. Y contra estos anudamientos y moldeamientos –en muchas ocasiones injustos y opresivos- se desplegaban las políticas emancipatorias modernas que eran, antes que nada, políticas de alteración de los órdenes estatalmente establecidos.
Por el contrario, hoy el mercado está constantemente ensamblando y desensamblando los vínculos en función de su incesante búsqueda de la maximización del beneficio. La alteración se convierte en la norma y la estabilidad en la excepción. Eso es la dispersión.
¿Cómo afecta a nuestras vidas cotidianas?
Por un lado, crece una cierta sensación de ser como náufragos a la deriva, sin capacidad de incidencia sobre nuestro rumbo, aferrados a recursos que encontramos desarticulados, en flotación, pero sin los cuales no podríamos subsistir. El acceso a la salud, la vivienda, la cultura, el trabajo o la experiencia amorosa se vuelven precarios, intermitentes, sujetos a composiciones tan contingentes como las condiciones en las cuales deben desplegarse.
Por otro lado, la dispersión se traduce también en un tipo de experiencia subjetiva caracterizada por el desborde y la saturación. La experiencia más habitual de la navegación en la web es un ejemplo claro de esto: vamos arribando cada vez a más enlaces que nos conducen a la apertura de nuevas pestañas que a su vez nos vinculan con nuevos enlaces hasta que al final ya no sabemos a qué atender. La sensación de que nuestra vida se ramifica en infinitas diferencias va de la mano con el malestar que provoca la creciente dificultad para articular estas diferencias en una composición de sentido más o menos regulable, legible u orientable.
Una ventana abre otra y luego otra y luego otra, pero ninguna se cierra. De ahí que nos sintamos constantemente desbordados.
Exacto. Y de este modo nos vemos arrojados a una suerte de incesante bricolaje existencial. La primacía de la inestabilidad multiplica los estímulos ante los que hay que responder y nos obliga a un trabajo de constante actualización de nuestra lectura del medio en el que nos movemos (porque, apenas logramos orientarnos, la cosa vuelve a cambiar y hay que reajustar dicha orientación).
¿Cómo es nuestra relación con el otro en la dispersión?
En condiciones estatales, el otro es mi semejante en tanto que comparte conmigo el espacio de la ley que regula nuestra interacción. Somos semejantes en tanto que  estamos sujetos a la misma ley. No hay nada en las condiciones de mercado que instaure algo similar. Según la lógica neoliberal, el único modo de hacer legible el comportamiento humano es suponiéndole la búsqueda del máximo beneficio como motor. Por tanto, el otro deja de ser mi semejante y se convierte en un recurso a instrumentalizar o en un simple obstáculo a mi recorrido. Los mercados contemporáneos pueden ser pensados como territorios de la guerra de todos contra todos, como territorios donde las acciones de defensa de un confort “interior” ficcional se combinan con un reverso de hostilidad generalizada hacia todo lo que sea considerado exterior.